Sos entrenador.
Pero muchas veces pasás más tiempo gestionando padres, conflictos y emociones que enseñando el deporte que amás.
Porque el problema ya no es solamente técnico:
Hoy los padres quieren que sus hijos ganen, pero que no sufran.
Y los deportistas quieren mejorar, pero les cuesta tolerar la frustración cuando algo sale mal.
Y en el medio estás vos.
Intentando ayudar, poner límites y dar feedback sin que cada conversación se convierta en un conflicto.
Porque sabés algo que muchos parecen haber olvidado:
-No existe el éxito sin frustración.
-No existe el crecimiento sin errores.
-Y no existe el alto rendimiento sin conversaciones incómodas.
Pero cuando sentís que tenés que caminar sobre cáscaras de huevo todo el tiempo, empezás a bajar el volumen.
Dejás pasar comportamientos.
Cedés en límites que antes sostenías.
Explicás de más decisiones que no tendrías que justificar.
Y poco a poco terminás agotado.
No querés que te pasen por arriba. Pero tampoco querés convertirte en un sargento.
Querés deportistas comprometidos, responsables y capaces de enfrentar desafíos. Y también querés construir un vínculo sano con ellos.
El problema no es la falta de vocación. Tampoco es la falta de capacidad.
El problema es que nadie te enseñó cómo liderar a la nueva generación de deportistas sin tener que elegir entre autoridad y cercanía.
Por eso creé esta formación.
Porque liderar a los chicos de hoy no se trata de controlar más.
Se trata de tener claro hacia dónde vas, qué no negociás y cómo respondés cuando la frustración
aparece y todo empieza a complicarse.